¡Hola, Tyria! Soy Aaron Linde, del equipo narrativo de Guild Wars 3™. Ahora que ya hemos tenido ocasión de conocer un poco a la mayor parte de nuestras especies jugables (en diciembre podremos presentaros a la cuarta) y a los conditores, es muy emocionante para nosotros hablaros hoy de la historia de nuestro primer núcleo social importante para los jugadores: Vigilia del Guarda. Este lugar, uno de los asentamientos más antiguos de Orr, hace las veces de sede de operaciones de los vaelguarda en la Cuenca de Tughra.

Para un guarda que regresa tras pasar largas semanas en territorio salvaje, pocas estampas son tan gratas como los estandartes de Vigilia del Guarda alzándose sobre el horizonte. La Vigilia, levantada sobre los vestigios de una torre inactiva de los Olvidados y en su entorno, es a donde los clanes orrianos acuden a descansar, reabastecerse e intercambiar nuevas. Allí también se ganan la vida granjeros, comerciantes y obreros de este enclave rural de Orr. Es, en todos los sentidos de la palabra, un hogar. Sin embargo, si le preguntas a cualquier guarda, te dirá que ojalá no hubiera tenido que existir nunca. La Vigilia nació por pura necesidad: fue la respuesta de la Orden de los Vael a la mayor tragedia acaecida en Orr hasta donde alcanza el recuerdo.

Orr Thulon y la herejía que dio origen a los vaelguarda

De todos los espíritus que han habitado Orr, ninguno ha encarnado la riqueza y el esplendor de los vael como Orr Thulon, un colosal espíritu aéreo que impuso su dominio sobre la región durante milenios. Para aquellos que lo veneraban, Orr Thulon era tan eterno e inmutable como las tierras salvajes y mágicas que protegía. No obstante, esa creencia se fue al traste en el año 205 a. É., poco después de la llegada de la humanidad a Orr.

Una tarde, poco reseñable por lo demás, estalló un conflicto por la Cuenca de Tughra de una magnitud tal que podía divisarse a kilómetros de distancia, una batalla tan descomunal que son muy pocos los que han podido presenciar algo similar en esta era. Cuando, finalmente, Orr Thulon sucumbió, el impacto barrió cuanto había debajo, dejando una inmensa franja de la Cuenca de Tughra convertida en terreno calcinado y desprovisto de cualquier rastro de vida natural y mágica. En la actualidad, aún sigue en ese estado. Sin embargo, tales consecuencias palidecen comparadas con lo que vino después: un torrente de magia almacenada que, cual erupción volcánica, brotó de la máscara de aquel ser ancestral dando paso a un silencio estremecedor. Orr Thulon estaba muerto y los vael habían sufrido su primera gran estocada. Pero no sería la última.

Loa aliados de aquel vael ancestral se apresuraron a acudir al lugar donde había caído Orr Thulon y se encontraron con que el desierto recién creado seguía humeante, arrasado por tormentas de arena que aullaban, azuzadas por la magia descontrolada que ahora fluía incesantemente por doquier. Con la ayuda de Melandru, se propusieron sanar aquella tierra herida, y la diosa ofreció a la orden en ciernes usar una antigua torre de los Olvidados que se alzaba justo al oeste de donde el gran espíritu había sucumbido. Esta base, a la que nunca se dio nombre oficialmente y que iría creciendo a lo largo del tiempo gracias a las subsecuentes y numerosas llegadas que acogería Orr, sería lo que acabaría conociéndose como Vigilia del Guarda. 

El comienzo de una vigilia que duraría siglos

Vigilia del Guarda despliega su historia a la vista de todos, al igual que los árboles centenarios van generando anillos. Desde su fundación, este asentamiento ha ido creciendo y expandiéndose en capas, cada una de ellas fruto de un capítulo diferente de la larga encomienda de la orden. Partiendo del centro y caminando hacia su exterior, emprendemos un viaje hacia el futuro: cuanto más nos alejamos del corazón de la Vigilia, más recientes son sus construcciones.

En el centro, encontramos la torre de los Olvidados propiamente dicha. En la época en la que está ambientado Guild Wars 3, un halo de absoluto misterio sigue envolviendo a los Olvidados que la construyeron; quiénes fueron y qué pretendían son incógnitas que los eruditos de Orr apenas han comenzado a investigar. Sin embargo, para la gente que vive y trabaja en la Vigilia, la torre no es más que parte del paisaje; al igual que el monumento más antiguo de cualquier población, siempre ha estado ahí, de modo que apenas despierta curiosidad entre los lugareños.

En torno a la torre se encuentran las instalaciones de la orden, que llevan en funcionamiento desde la fundación del clan. Lo primero que nos encontramos es la sede central desde la que el enviado del clan (o el enviado temporal del clan, como subrayaría quien ocupa actualmente el puesto) dirige los asuntos de la orden y se coordina con el Alto Consejo de Arah todo lo relativo a la gestión y el gobierno de la gran Orr. Luego están los intendentes vaelguarda y sus talleres de artificios, donde los guardas mantienen y perfeccionan sus sellos y armas. Por último, pese a no ser la menos importante de las dotaciones de los vaelguarda, llegamos a la taberna, donde los miembros del clan que regresan tras meses en territorio salvaje pueden por fin soltar lastre y relajarse, al menos momentáneamente.

Más allá están las capas creadas por quienes llegaron después. En otras palabras, heredades y talleres de los kodan, los asura y los colonos humanos que hicieron de la Vigilia su hogar. Alejándonos un poco del camino principal hay un horno que en su día operaban los conditores, cuando aún tenían privilegios y trabajaban mano a mano con la orden. Desde la caída en desgracia del clan, el horno como tal ha quedado abandonado y los demás residentes de la Vigilia lo aprovechan con otros fines. Los tratados de obligado cumplimiento para los clanes de Orr prohíben estrictamente cualquier enfrentamiento armado dentro de los límites de la Vigilia. Aun así, con el conflicto entre los vaelguarda y los conditores al rojo vivo, los guardas y los guardias zaishen apostados alrededor de la Vigilia han decidido adoptar un enfoque más práctico: no permitir el paso en absoluto a los conditores.

El anillo más reciente se encuentra a las afueras y alberga instalaciones empleadas por otros clanes y un templo de la Iglesia de los Seis, de construcción más o menos reciente en la historia local. Aunque en apariencia sea un lugar de culto dedicado a todo el panteón humano en el que cada uno de los dioses cuenta con idéntica representación y presencia, la iglesia funciona en la práctica como el brazo político y clerical de Arah en la gran Orr. Para los numerosos orrianos que no cuentan con un puesto en el Alto Consejo ni acceso directo a Arah (es decir, la mayoría), su clero constituye el único vínculo directo con los dioses que podrán tener y sus templos son la primera opción para zanjar disputas entre clanes antes de presentarse ante el propio consejo.

Que haya un templo justo en Vigilia del Guarda es muy revelador, puesto que, durante la mayor parte de su historia, la Cuenca de Tughra ha sido un enclave rural dejado de la mano del mundo, lejos del foco de Arah. Su aparición hace pensar que los dioses al fin se han dignado a prestar atención a la Vigilia. Sin duda, da fe de que la cuenca ya no es un lugar remoto y olvidado del mapa, sino parte importante de la gran Orr.

Una guardia que perdura

Han pasado muchos años desde que la orden acampara por primera vez a la sombra de la torre de los Olvidados, y Vigilia del Guarda se ha convertido en algo que sus fundadores nunca podrían haber imaginado: una verdadera ciudad llena de vida con granjeros y comerciantes, kodan, asura y humanos, y ahora incluso con un templo propio que cuenta con el favor de Arah. La Vigilia ha crecido mucho más allá de esa misión vigilante que inspiró su fundación. Y aunque los estandartes de la Orden de los Vael ondean aún hoy sobre Vigilia del Guarda, para muchos proclaman una realidad que ya pertenece al pasado.

Con el paso de las estaciones, una pregunta cobra protagonismo en las mesas de las tabernas y los puestos del mercado, cada vez susurrada con más frecuencia y en voz más baja: ¿qué es la Vigilia sin sus guardas? Las filas de la orden pierden miembros, año tras año. Ese desierto calcinado a las puertas de la Vigilia nunca ha llegado a recuperarse. Otros clanes que representan intereses menos elevados (como el comercio, los trueques o la agricultura) están empezando a organizarse y, aunque algunos son aliados fundamentales para los vaelguarda, hay quienes sienten que la orden está dejando de cumplir con su parte. Las incursiones de los conditores son cada vez más feroces y las heridas de los vael son cada vez más profundas.

Por ahora, los estandartes siguen alzados. La Vigilia, que nació a partir de la mayor pérdida experimentada por la orden, sigue siendo el único hogar real que los vaelguarda han conocido en Orr y el último rincón que pueden considerar como algo propio. Si esos estandartes seguirán izados mucho tiempo depende de vosotros y de vuestros camaradas: los últimos guardianes de la sagrada Orr y de los espíritus que en ella habitan.