¡Hola, Tyria! Somos Anatoli Ingram, diseñador narrativo, y Aaron Linde, coordinador narrativo de Guild Wars 3™. Hoy os desvelamos un poco más sobre uno de los clanes más significativos de la Edad de Oro orriana.

Al igual que en Guild Wars 2®, nuestro objetivo para Guild Wars 3 es diseñar una experiencia de juego que siempre convierta el encuentro con otro jugador en el mundo en una vivencia positiva. Pero no a todos los habitantes de Orr les hará gracia cruzarse con vosotros; en esta avanzada etapa de su historia, los vaelguarda ya cuentan con sus propios enemigos.

Los más destacados de entre sus antagonistas son los conditores: un clan de constructores y emprendedores fundado por los humanos y decidido a apropiarse del asombroso poder de los vael para sus propios fines, ya que tienen la firme convicción de que esa magia será el motor que impulse a toda la humanidad a un futuro más allá de lo imaginable. Su rivalidad con la Orden de los Vael es de una gravedad extrema y ha alcanzado un punto crítico en los meses inmediatamente anteriores al momento histórico en el que arranca Guild Wars 3.

Los enfrentamientos entre conditores y vaelguarda se han intensificado hasta originar un conflicto abierto por todo el territorio de Orr, inflamado por disputas relativas al contrabando de armas, la destrucción del entorno y los ataques a los espíritus de los vael.

Para los conditores, cada guarda al que eliminen supone un obstáculo menos en la senda del progreso.

El origen de los conditores

Este colectivo, fundado apenas veinte años antes del comienzo de Guild Wars 3, cuenta con una historia de origen salpicada de controversia mucho antes de que adquiriese la consideración de clan oficial de Orr.

Su fundador, Ricken "Martillo" Oberon, alcanzó la mayoría de edad en Camino de Callen, un pequeño asentamiento construido a lo largo de una modesta ruta comercial que conectaba la Cuenca de Tughra con la zona sur de Orr y se extendía más allá. Como muchas otras poblaciones nacidas en torno a una senda de paso, el trasiego de mercaderes era la savia de la que se nutría Camino de Callen; cuando otras rutas nuevas más eficientes desviaron ese ir y venir a otros confines, la comunidad cayó en un estado de abandono.

Para cuando dejó de ser un niño, Oberon era consciente de que su descarriada comunidad necesitaba una nueva perspectiva, un objetivo al que aspirar y ponerse como meta para crecer. Fascinado por las historias que hablaban de la majestuosidad y la abundancia de los vael, Oberon decidió forjarse su propia fortuna apropiándose de terrenos por las tierras salvajes de la Cuenca de Tughra, entrando así en conflicto directo con la Orden de los Vael y los propios espíritus vael.

Sin embargo, sus contados y provechosos lances (y los valiosos recursos mágicos que fluían hacia Camino de Callen) lo convencieron de que la senda hacia el futuro pasaba directamente por los vael. El capital generado por estas primeras iniciativas posibilitó la fundación del colectivo de los conditores y, de ese modo, las operaciones de Oberon se expandieron en un abrir y cerrar de ojos.

Los conditores gozaban de un abrumador apoyo entre comerciantes y magnates de los negocios, más que dispuestos a alinearse con un clan que pudiera poner a prueba la jurisdicción de los guardas sobre los vael y sus copiosos y desaprovechados recursos. Sus experiencias con Oberon y los maestros artesanos a sus órdenes resultaron productivas; pese a ser arrogante y tener mal genio, había sabido ganarse su reputación construyendo casas y alojamientos, reforzando infraestructuras y estableciendo rutas comerciales y de suministro a lo largo y ancho de todo el campo orriano. Les prometió discretamente nuevos mercados que explorar, avances en la fabricación y, lo más emocionante de todo, un acceso potencialmente ilimitado a la magia.

Los conditores quedaron oficialmente constituidos como un clan de artesanos, estatus que les brindaba una considerable autonomía a la hora de recoger recursos y emprender proyectos en la Cuenca de Tughra, y que les permitía un uso limitado de los sellos para labores de defensa y trabajo. Para la mayoría de los clanes orrianos de la época, estos privilegios entrañaban ciertas responsabilidades; se entendía que los conditores debían colaborar con los demás clanes, incluida la Orden de los Vael, para garantizar la estabilidad y la seguridad colectivas de la región.

Y así fue, durante un tiempo.

Diferencias irreconciliables

El motivo concreto que llevó a los conditores a perder sus privilegios de clan difiere enormemente según las distintas fuentes. Si le preguntamos a un vaelguarda, nos dirá que se lo ganaron a pulso; la continua acumulación de agravios contra la Orden de los Vael era tan clamorosa que ni los dioses de Arah pudieron seguir haciendo la vista gorda.

Los conditores, por su parte, defienden que la influencia de la orden en Orr estaba ya tan minada que se revolvieron al menor atisbo de desafío, difamando y tachando de invasores hostiles a los maestros artesanos que habían construido sus hogares, puentes e infraestructuras por toda Orr. Según ellos, el rápido crecimiento de los conditores reflejaba que los plebeyos de la gran Orr estaban cobrando conciencia de algo: de que los vaelguarda querían que viviesen como intrusos, furtivos y avergonzados, en sus propias tierras.

Solo los dioses saben los pormenores de la defenestración de los conditores, pero las repercusiones prácticas de la decisión del Alto Consejo fueron demoledoras y de un inmenso alcance. Privados del privilegio de fabricar sellos, los conditores trataron de reinstaurar por otros medios su acceso a armamento y recursos mágicos. Redoblaron sus esfuerzos por apropiarse de la riqueza de los vael en la naturaleza y crearon una inmensa red de contrabando para traficar con armas dotadas de sellos por los mercados negros de toda Tyria. Asimismo, comenzaron a experimentar por su cuenta con la fabricación de sellos, readaptándolos a aplicaciones novedosas (y, en ocasiones, poco fiables). Incluso desarrollaron artilugios para extraer por la fuerza la magia de los vael, como los mortíferos lanzallamas alimentados por un pequeño espíritu vael que empuñan los conditores incineradores.

Un conflicto que no cesa

Los conditores no han dejado de progresar desde que los dioses dictaran su veredicto. La revocación de sus privilegios pretendía refrenarlos, pero la medida llegó demasiado tarde; a pesar de su continuo menoscabo de las leyes de Arah y las repetidas peticiones de intervención por parte de los vaelguarda, aún no se ha llamado a los responsables del clan a comparecer ante el Alto Consejo para afrontar las consecuencias. Corren rumores de que un asunto trascendental lejos de Orr está acaparando la atención de los dioses, lo que hace pensar que pasará un tiempo antes de que el consejo vuelva a reunirse. Muchos se preguntan si la Orden de los Vael seguirá existiendo para cuando eso ocurra finalmente.

Entretanto, los conditores tienen poco que perder recurriendo a un comportamiento abiertamente delictivo; llevan años comprando y vendiendo sellos bajo cuerda, por no hablar de los recursos robados de asentamientos o arrebatados violentamente a los vael. No obstante, últimamente hay una mayor proporción de todo ese material que acaba en los propios almacenes de los conditores, en vez de en mercados foráneos. Aunque la Orden de los Vael ande escasa de reclutas, las armas que empuñan siguen superando de lejos a las que pueden fabricar los conditores (y el resto de clanes de Orr, empoderados o no).

Por ello, se afanan febrilmente por desarrollar técnicas alternativas de fabricación de armas y sellos con el objetivo de reabastecer la ínfima armería del clan y gozar de un mayor poder. Sin embargo, las armas mágicas que han logrado producir hasta la fecha solo tienen espacio para un único sello, lo que deja a sus miembros en clara desventaja en caso de enfrentarse a vaelguarda armados. Sus numerosos intentos por replicar la técnica de implantación de sellos de los vaelguarda no han dado fruto hasta la fecha, para frustración de Oberon.

La mayor parte de los conditores son humanos, pero también cuentan con reclutas de otras especies. Cada cual tiene sus propias motivaciones; los vael no cuentan con una estima generalizada, ni siquiera entre los kodan, y los conditores siempre ofrecen trabajo remunerado a quienes se ofrezcan a llevarlo a cabo, sea cual sea su procedencia. Aunque siguen asegurando ser un clan de maestros artesanos ante todo y sobre todo, la ideología de los conditores es lo que de verdad los motiva por encima de cualquier otra consideración: la creencia de que los vael y todo lo que engloban pertenece a aquellas personas dispuestas a explotarlo en nombre del progreso.

La opinión pública aún no se ha vuelto en contra de la Orden de los Vael, pero los guardas viven con miedo a ver una cara conocida entre la población descontenta: un granjero privado de sus posesiones cuando la inmensa y ancestral Fierrorraíz de los vael cambió repentinamente; un comerciante, antaño afable, que descubrió que era más fácil llenarse los bolsillos en Camino de Callen que en Vigilia del Guarda; un joven desilusionado que antes corría a su encuentro en el camino para acariciar a sus rastreadores... Para los vaelguarda, cada deserción a las filas de los conditores es un recordatorio de que son demasiado pocos como para ofrecer buenas alternativas a las malas decisiones.

Aunque los conditores no sean capaces todavía de imponerse a los vaelguarda, desde luego son mucho más numerosos que vosotros, lo que hace que el juramento por defender a los vael resulte extraordinariamente peligroso.