¡Hola, Tyria! Os escribe estas líneas Danny Barnes, del equipo narrativo de Guild Wars 3™, con muchas ganas de contaros los primeros detalles sobre las distintas especies jugables que poblarán la Edad de Oro orriana. Hoy empezamos esta serie con los humanos, un pueblo curioso, motivado y práctico que desciende de un reino más allá de la Niebla.
Los jugadores que asumáis el rol de un personaje humano durante este periodo de la historia de Tyria os veréis rodeados por un mundo totalmente nuevo e intensamente mágico, con horizontes por explorar en cualquiera de las direcciones. Vuestros asentamientos están creciendo. Vuestros clanes están en auge. Con cada carretera que construís y cada templo que erigís, vuestro progreso constante parece reafirmar la idea de que todos podéis encontrar un hogar aquí. Y, aun así, a cada paso que dais, el mundo parece plantearos una pregunta... ¿Podéis con esto?
En los títulos de Guild Wars® anteriores, los humanos eran un pueblo definido por sus amplios reinos, cruentas guerras, orgullosas tradiciones y devastadoras pérdidas. Guild Wars 3 nos muestra una perspectiva diferente en una época diferente: la de la humanidad antes de su gran debacle. En esta era, los humanos aún no están defendiendo su decadente imperio ante fuerzas invasoras. Son unos recién llegados. Unos exploradores. Unos soñadores. Un pueblo que sigue aprendiendo lo que significa vivir en un mundo que no era originalmente el suyo.
Una historia inspiradora, desde luego, pero que también tiene sus complicaciones.
Desde más allá de la Niebla
La humanidad no llegó a Tyria sola ni por accidente. Fueron sus seis dioses quienes la trajeron aquí, unos seres increíblemente poderosos que se fijaron en este mundo y lo vieron repleto de magia, misterio y potencial. Aunque la naturaleza exacta de la huida de su mundo de origen no acaba de estar del todo clara, para los humanos de esta época hay algo que importa por encima de todo: su gente sobrevivió a la Niebla y Tyria es ahora su hogar.
Ser humano en Guild Wars 3 supone heredar la fe y la determinación de la gente que siguió la luz divina hacia un reino desconocido. Algunos se hacen cargo de esa herencia con humildad, otros lo hacen con orgullo y muchos se plantean preguntas. Sin embargo, desde su llegada, casi todos los humanos han logrado comprender a cierto nivel que Tyria es tanto un don como un desafío: un mundo hermoso y peligroso en el que la supervivencia no está garantizada y la pertenencia debe ganarse cada día. Y aunque los dioses siempre seguirán siendo la luz que los guía, comprenden también que el lastre de tener que forjarse un futuro de verdad en Tyria, en el que la humanidad no solo sobreviva sino que prospere, depende en última instancia de ellos mismos.
En el contexto de Guild Wars 3, la humanidad lleva viviendo en Tyria más de setecientos años y ya ha fundado varios centros de poder diferentes en este mundo. El más antiguo de ellos, Cantha, ha sido testigo de la sucesión de dinastías y tradiciones durante siglos, algo que demuestra que los humanos pueden aguantar lo suficiente como para que sus asentamientos se conviertan en civilización, y de ahí en leyendas. La próspera y culturalmente floreciente nación de Elona, en pleno auge durante este periodo, es el nodo de la implicación de esta especie en las principales corrientes comerciales, políticas y de poder. Ascalon, el más reciente de los asentamientos de la humanidad, es una tierra llena de estandartes, fronteras y orgullo militar, y se define mediante el conflicto y la férrea convicción de quienes luchan por reclamarla y defenderla. Los margonitas, adoradores del dios Abaddon y gobernantes del litoral, dominan el Mar de Cristal y la interminable línea de costa que lo rodea.
Y también está Orr: el centro del mundo mágico, cuyo desarrollo cambiaría para siempre el destino de la humanidad en Tyria.
La humanidad, Orr y los vael
Orr es la gran frontera de la humanidad. Está por refinar y por terminar, y rebosa de potencial. Es una región que sigue intentando encontrar su identidad y construir la nutrida historia que desembocaría en el gran colapso más de mil años después. Para los humanos, todo esto se desarrolla bajo la atenta mirada de sus dioses, cuya ciudad suprema, Arah, se alza en el horizonte con la misma majestuosidad que sus habitantes, en un lugar donde convergen la fe, la ambición y las oportunidades.
No obstante, las tierras de Orr no son una llanura vacía a la espera de que le den vida. Son el hogar de los vael, esa maravillosa multitud de espíritus mágicos que habitan la región, surgidos a partir de la magia increíble que fluye por ella. Los vael inspiran muchas reacciones diferentes a los humanos: para los devotos, demuestran la sabiduría de los dioses al haberlos guiado a este lugar sagrado y formidable; para los granjeros, pueden ser tanto una bendición como un peligro, pues son el origen de la fertilidad y el dinamismo de esta tierra, pero también de su impredecibilidad; para los curiosos, son un misterio viviente, la máxima expresión del motor que impulsa a toda Tyria.
Sin embargo, para algunos los vael representan sobre todo una oportunidad: el poder de cambiar la forma del mundo. Esa oportunidad ha determinado las ambiciones de clanes como los conditores, que miran los recursos mágicos de Orr y ven la posibilidad de un futuro mejor y más fuerte, nacido de las manos humanas. Piedra y acero, sellos y artefactos, todo ello al servicio de ese gran sueño del progreso.
Para sus partidarios, los conditores demuestran que la humanidad puede hacer algo más que sobrevivir en Tyria. Pueden innovar, construir y transformar. Para quienes se oponen a su concepción del progreso, los conditores son un síntoma del mayor defecto de la humanidad: su ambición desmedida. La relación de la humanidad con los vael es complicada y está llena de asombro y tensiones.
Asumir la responsabilidad
Esa tensión es la esencia de los vaelguarda, el clan originario del jugador en Guild Wars 3.
La Orden de los Vael es el clan más antiguo de Orr y se fundó para proteger a los espíritus vael y las tierras que habitan. Mucho antes de que los clanes de Orr se convirtieran en los motores principales del comercio, el estatus y el poder en la región, los vaelguarda ya caminaban por este territorio salvaje, mediando en las tensas relaciones entre las especies sintientes de Orr y los vael, y defendiendo a quienes no podían defenderse solos.
Para un humano, convertirse en vaelguarda es una decisión audaz. Supone alejarse de la narrativa más simple y sencilla que su gente suele atribuir a Orr: es simplemente una frontera a la espera de que la domestiquen. Supone reconocer que el mundo que alcanzaron tus ancestros después de atravesar la Niebla está repleto de vidas, reglas y maravillas que hay que cuidar. Y en una época definida por la riqueza y la explotación, supone reconstruir los vínculos entre la Orden y tu pueblo, que está dejando atrás poco a poco la preocupación por los vael, con los ojos puestos en un futuro glorioso pero incierto.
Como vaelguarda humano, te encuentras en una encrucijada donde se dan cita el legado y la responsabilidad. Posees la ambición de un pueblo en auge, la fe de emigrantes entre mundos y el compromiso de una Orden que juró defender la magia viviente de Orr.
Y bien, ¿qué se dirá de las hazañas de la humanidad cuando termine la Edad de Oro orriana? ¿Qué contarán aquí, en el legendario Orr, mil años antes de Guild Wars: Reforged y de Guild Wars 2®, antes de que el mundo de Tyria conozca lo que el futuro deparará a la humanidad?
¿Se definirá por lo que pudo construir? ¿Por lo que pudo reclamar? ¿O por lo que decidió proteger?
