¡Hola, Tyria! Soy Aaron Linde, Coordinador narrativo de Guild Wars 3, y tengo una pregunta curiosa que plantearos: ¿cómo creéis que sería Tyria si no hubiera sufrido los estragos de los dragones ancianos?  Casi catorce años después de Guild Wars 2, puede ser una estampa difícil de imaginar. Sin embargo, los anales de la historia tyriana nos permiten atisbar en alguna que otra ocasión cómo podría haber sido ese mundo, y pocas de esas fugaces imágenes son tan impactantes como la Edad de Oro orriana.

En esta era mítica, los dragones ancianos están en el momento más profundo de su letargo, y su infinito apetito por la magia que impregna Tyria está acallado e inactivo. Una época de esplendor se abre paso por doquier, pero en ningún sitio lo hace de forma tan vívida como en Orr, donde la magia fluye tan rica y abundantemente que atrae a Tyria a los dioses de los humanos procedentes de la Niebla. Un lugar donde la mismísima magia, ajena a la amenaza de sus grandes depredadores y libre para actuar a su antojo, florece en su forma más incontestable y esplendorosa: los vael, un fabuloso ecosistema de espíritus mágicos, únicos de este periodo de la historia tyriana.

En Guild Wars 3, los jugadores alzan el estandarte de los vaelguarda, protectores de este conjunto de espíritus majestuosos y de las tierras mágicas de Orr que habitan. Años antes de que las especies mortales de Tyria recibieran el don de la magia, los vaelguarda, con la aprobación de los dioses de los humanos que respaldaban su cometido, gozaban de renombre por su ingenio con los artefactos y su dominio de los sellos, esas pequeñas gemas que contienen expresiones fijas de magia. Los miembros de la orden, equipados con dicho poder y fortalecidos por su estrecho vínculo con los espíritus de los vael, se encuentran al borde del colapso durante el inicio de Guild Wars 3 y luchan por seguir en pie en un mundo que cambia rápida e irrevocablemente.

Hoy queremos presentaros al clan protagonista de Guild Wars 3: quiénes son los vaelguarda, de dónde proceden y por qué su vigilancia cada vez más vulnerable de las tierras de Orr los convierte en los protagonistas perfectos junto a los que experimentar esta era legendaria.

Una causa por la que morir

La Orden de los Vael puede presumir de ser el primer clan fundado en Orr. Sus orígenes se remontan a los primeros tiempos de la llegada de la humanidad a la región, cuando la catástrofe abrió una profunda y duradera herida en la ecología mágica de Orr, la primera gran pérdida sufrida por los vael desde su aparición.

Un grupo de consagrados a los espíritus vael, quienes se convertirían en miembros fundadores de la orden, se reunieron con los dioses de los humanos con la esperanza de detener la devastación. Hallaron aliadas inesperadas en las diosas Melandru y Dwayna que, conmovidas por el sufrimiento de los vael, ofrecieron respaldar la creación de una orden capaz de garantizar la protección de estas criaturas perpetuamente. Para demostrar su entrega a la causa, Melandru y Dwayna le otorgaron al clan en ciernes la capacidad de crear y refinar sellos, confiriendo a la orden la fuerza necesaria para cumplir su finalidad.

Y así fue como el uso de la magia, anteriormente reservado a dioses y especies ancestrales de Tyria, pasó por primera vez a manos mortales. Los vaelguarda fueron los primeros en recibir este tipo de bendición, pero no serían los últimos. A medida que el asentamiento y el desarrollo de Orr siguieron adelante, cada vez eran más los que acudían a Orr a hacer fortuna y a blandir este extraño e increíble poder en su propio beneficio.

La magia se extiende por Orr, una tierra en rápido cambio

Los vaelguarda se asentaron en la zona oriental de la Cuenca de Tughra, en Orr, e iniciaron su larga guardia velando por los vael, una vigilia que ya se ha extendido durante más de ciento cincuenta años al comienzo de Guild Wars 3.

Durante este periodo, colonos y buscafortunas de todos los rincones de Tyria acudieron a la zona, seducidos por la inmensa oportunidad que Orr les presentaba. Era una tierra tan saturada de magia que se cristalizaba en el terreno, se condensaba en la flora y generaba todo tipo de valiosos recursos aprovechables, aguardando su extracción. Los sellos fueron proliferando con el paso de las décadas, a medida que más clanes accedían a su manufactura, y la magia se convirtió en una ansiada materia prima; los sellos se compraban y vendían, se hurtaban y robaban, y eran objeto de tráfico ilegal en mercados negros a lo largo y ancho de Tyria. Entretanto, sobre el telón de fondo de estos importantes cambios, la misión de los vaelguarda comenzó a debilitarse. Los vael encajaron una dolorosa herida tras otra, entre ellas la muerte de varios de sus ancianos y habitantes ancestrales, las más imponentes y asombrosas de sus criaturas. La orden, aislada por naturaleza y lenta a la hora de abrirse al mundo, entró en una espiral de decadencia y sus efectivos se diezmaron año tras año.

Por su parte, los dioses de los humanos parecían satisfechos con dejar los asuntos de la gran Orr en manos de los clanes, mientras ellos lidiaban con ocupaciones más nobles en su elevada ciudad de Arah. Recientes acontecimientos, como el destronamiento del antiguo dios de la muerte, Dhuum, lo ponen de manifiesto en gran medida; las sesiones del alto consejo de los dioses, donde estos se reúnen con los enviados de los clanes empoderados de Orr, se han vuelto cada vez menos frecuentes con el paso de los años. Y, aunque Melandru y Dwayna acordaron con empatía y entusiasmo la formación de los vaelguarda, la estima despertada por la orden en el panteón y el reconocimiento de la importancia de los vael distaban mucho de ser universales.

Para cuando arranca Guild Wars 3, los vaelguarda han sufrido un proceso de marginación, considerados por los orrianos de a pie y muchos de los clanes como zelotes apartados de la realidad que se aferran a una causa que murió hace décadas, individuos que obstruyen el progreso que, según algunos, alzará a la humanidad y a todas las especies de Orr dotadas de sentidos a un futuro deslumbrante, glorioso y avanzado. Los más destacados de estos rivales son los conditores, un clan de emprendedores que defienden la explotación de los territorios mágicos, pues entienden que hacerlo es un derecho natural de todos los tyrianos.

Alzando el estandarte

En definitiva: ¿qué significa izar el estandarte de los vaelguarda? Los vaelguarda no sois individuos elegidos, designados por el destino para salvar el mundo; sois los últimos de una orden que el mundo ha descartado y que defendéis y preserváis a unos espíritus que pocos creen aún merecedores de salvación.

Sois cuanto se interpone entre la erosionada majestuosidad de los vael y las fuerzas dispuestas a explotarlos, abriéndoos paso en un mundo que apenas empieza a entender el poder revolucionario que representa. Blandiréis un arsenal de sellos mágicos y profundizaréis en vuestra relación con espíritus como vuestro rastreador (¡ya hablaremos de esto más adelante!) para cumplir con vuestra obligación. Podréis lanzaros a la aventura por las legendarias tierras de Orr en la absoluta cima de su esplendor, desafiar a las fuerzas invasoras que quieren dominarla y determinar el curso del futuro de vuestro clan en tiempos inciertos e inestables. Y todo ello combatiendo al servicio de los vael y sus asombrosos espíritus, que no cuentan con nadie más que se alce en su defensa.

El estandarte de la Orden de los Vael (algo ajado y sucio, pero aún intacto) aguarda a que alguien lo enarbole con convicción. Creemos que podríais ser vosotros. Estamos deseando que contempléis esta visión de Tyria, la impactante belleza de las tierras de Orr y este tumultuoso y precario periodo de la historia desde la perspectiva de los vaelguarda.